Autor: Gabii
Fecha de publicacion: Lunes 29 de septiembre del 2025
En el Puerto de Veracruz, las actividades marítimas han sido durante siglos el eje de la vida económica y social.
Los sogueros eran responsables de fabricar y reparar sogas, cabos y cuerdas utilizados en barcos, muelles y almacenes. Su oficio requería conocimiento profundo de materiales como el henequén y el cáñamo, así como habilidad para trenzar, torcer y ajustar longitudes específicas según el tipo de embarcación o carga. Durante décadas, los sogueros trabajaron en talleres cercanos al malecón, donde el olor a fibra vegetal y brea era parte del paisaje cotidiano.
Con la industrialización del sector marítimo y la llegada de cuerdas sintéticas producidas en masa, el soguero perdió protagonismo. Sin embargo, aún existen algunas personas mayores que conservan las técnicas tradicionales, transmitidas de generación en generación, especialmente en zonas cercanas al Mercado de Mariscos o en pequeños talleres al interior de la ciudad. La soga hecha a mano es valorada por su resistencia, aunque su producción hoy es principalmente simbólica o destinada a fines decorativos.
Los remendadores de redes fueron durante mucho tiempo figuras indispensables en la actividad pesquera de Veracruz. Su tarea consistía en revisar las redes dañadas durante las faenas de pesca y repararlas hilo por hilo. Este trabajo minucioso requería destreza manual, paciencia y conocimiento de los tipos de malla, nudos y tensión necesarios para mantener la funcionalidad de las redes sin comprometer la captura.
Durante el siglo XX, era común ver a estos trabajadores sentados en los muelles o en patios improvisados cerca de las playas, laborando desde el amanecer hasta el anochecer. Con la modernización de la pesca, las redes desechables comenzaron a reemplazar a las tradicionales, reduciendo la necesidad de reparaciones. A pesar de ello, en zonas como la playa de Villa del Mar y el área de La Caleta, aún pueden encontrarse vestigios de esta práctica, sobre todo en cooperativas pesqueras que buscan mantener sus costos bajos y preservar una forma de trabajo más sustentable.
Otro oficio en vías de extinción en el Puerto de Veracruz es el del calafate. Este trabajador especializado se encargaba de sellar las juntas de las embarcaciones de madera, aplicando estopa y brea caliente para evitar filtraciones de agua. Su labor era esencial para mantener la flotabilidad y la seguridad de los barcos artesanales y lanchas que operaban en la costa veracruzana.
El trabajo del calafate era físico y exigente. Requería de herramientas específicas y un conocimiento profundo del comportamiento de la madera expuesta al agua salada y al sol. Aunque con la llegada de las embarcaciones de fibra de vidrio y metal la calafatería perdió su función práctica, algunos talleres navales tradicionales aún conservan técnicas de este tipo para restaurar pequeñas lanchas o embarcaciones usadas para recorridos turísticos o fines culturales.
En el área del Astillero Naval o en algunas marinas del sur de la ciudad, todavía se pueden observar procesos artesanales relacionados con la construcción y mantenimiento de embarcaciones tradicionales, aunque cada vez con menor frecuencia. La figura del calafate permanece como símbolo del oficio riguroso que mantenía a flote el puerto.
Los sogueros, remendadores y calafates representan más que simples ocupaciones: encarnan una relación histórica entre el ser humano y el mar. Su conocimiento práctico, transmitido de manera oral y basado en la experiencia, forma parte del patrimonio intangible del Puerto de Veracruz. Aunque muchos de estos oficios han sido desplazados por la tecnología moderna, su legado sigue presente en la memoria colectiva de la ciudad.
Preservar la historia de estos trabajos no sólo permite entender cómo se ha transformado la actividad portuaria, sino también valorar los conocimientos tradicionales que dieron forma a la identidad del puerto. Algunos museos locales, como el Museo de la Ciudad o el Museo Naval de México, han comenzado a documentar y exhibir herramientas y testimonios relacionados con estos oficios, con el fin de darles un espacio en la historia oficial.
Explorar el legado de estos oficios es también una forma de comprender el desarrollo urbano y cultural de Veracruz. Calles como Landero y Coss, zonas del malecón antiguo y los alrededores del Faro Venustiano Carranza conservan huellas de esta historia laboral. En estos espacios, donde antes se tejían sogas, se reparaban redes o se calafateaban embarcaciones, hoy conviven la memoria del trabajo manual con la vida cotidiana del puerto moderno.
Veracruz continúa siendo un punto de encuentro entre la tradición y la modernidad. Aunque los sogueros, remendadores y calafates ya no ocupan el centro de la actividad económica, su legado perdura como testimonio de una época en la que el puerto se mantenía vivo gracias a las manos expertas que lo sostenían.